Capítulo XII: No me lo puedo creer...
Me he quedado dormido, pero me despierta el sonido de la puerta al abrirse. Me quedo quieto haciéndome el dormido, por si acaso Jara viene con César, prefiero que ni se enteren de que estoy aquí. Aguzo el oído, no oigo conversación, oigo… ¿sollozos?. ¿Está llorando?. De un manotazo me quito la manta de encima y me levanto del sofá de un salto, voy a la puerta. Está sola, no viene con César. Y, como pensaba, estaba llorando. Voy corriendo con ella, no dice nada, simplemente se abraza a mí y sigue llorando. Me la llevo al sofá, los dos nos sentamos y le hecho la manta encima.
Allí nos quedamos, así, ella llorando y yo acunándola sin pedirle explicaciones. Al fin se calmó. “¿Te ha hecho algo César? Dímelo, si te ha hecho algo le, le…” Me callé, pero si en ese momento Jara me dice que él le había hecho algo, que se prepare, porque tenía fuerzas para llevármelo a hombros fuera de China y que no volviese. “No, es que, es que…” y empezaba otra vez a llorar, pero se le pasaba pronto.
Por fin me dijo que habían ido a cenar, y que hasta ahí todo bien, pero que luego en el concierto él le había dicho lo que sentía por ella y esas cosas, y que había intentado besarla, pero que ella tenía la cabeza hecha un lío y había salido corriendo. “Como una niña” dijo algo roja. Le dije que si ella le quería a él. Esperé la respuesta con un nudo en el estómago que no me dejaba ni respirar. “No. No le quiero, ya sé que es muy guapo y eso, pero…”
Y nada, que otra vez a llorar, y yo le decía que no pasaba nada, pero me angustiaba verla llorar.
“Por qué lloras, tú no le quieres y ya está, no pasa nada Jara, no tienes por qué darle explicaciones”. Entonces empezó a llorar un montón, y yo no sabía qué le había dicho, pero me parecía que era por mi culpa. Me dio un susto cuando de repente se levantó se puso en frente de mí, y mirándome a los ojos me gritó: “Porque te quiero a ti, por eso lloro, porque te quiero”. Lapsus mental. Me doy cuenta de lo que me ha dicho. Imposible, estoy soñando. Madre mía.
Reacciono, le dí un abrazo, sin ser consciente de mi fuerza. Cuando me di cuenta de que casi la estaba dejando sin respiración la solté y le dije muy bajito al oído “Yo también te quiero”.
Y entonces sonó el móvil.
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lunes, mayo 18, 2009
Toma Pan y Circo
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