Capítulo IX: Haciendo amistades en ChinaNada más llegar a Hong Kong fuimos al hotel y nos duchamos. Luego salimos a cenar, pero nada de quedarse por ahí hasta tarde, porque al día siguiente había que madrugar.
Y eso es lo que hicimos: pegarnos un madrugón que pasamos el día como zombis o vampiros de las ojeras que teníamos.
En día no empezó muy bien. Al llegar ya había bastantes periodistas y todos queríamos lo mismo: estar en primera plana para tener la mejor grabación. La verdad es que no conseguíamos nada, y si había esperanza de que nos dieran algo, siempre era bastante malo.
Estábamos a punto de tirar la toalla, Jara ya estaba maldiciendo en español, cuando otros periodistas dijeron que nosotros íbamos en su grupo.
Resulta que eran otros españoles que habían conseguido un buen sitio, y al vernos sin nada, les había entrado el compañerismo patriótico y habían dicho una pequeña “mentirijilla” para que nosotros también consiguiésemos un sitio.
Hicimos como que éramos de la misma empresa y que formábamos un solo equipo, así que nos colocamos todos en su sitio y allí empezamos a montar cámaras y los demás aparatos.
Eran dos chicos, uno bajito y regordete, Emilio; y otro bastante “cachas”, César.
Nos caímos muy bien mutuamente. Ellos también trabajaban como corresponsales en la misma ciudad que nosotros, y también eran españoles. El directo nos salió bien, no hubo incidencias, pero tampoco nada extraordinario, un directo normal.
Después comimos todos juntos, y nos dimos los teléfonos para vernos de vez en cuando. Pasado mañana iremos todos al cine, a intentar entender una película en chino. Por otro lado, Jara ya ha pedido el permiso para entrar a una fábrica que nosotros elijamos de la famosa marca de deportes. Supongo que nos la denegarán, pero aún estamos esperando la respuesta.
Mañana os cuento qué tal con nuestras nuevas amistades.
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